Morandé | Historia del Creole
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Historia del Creole

Historia del Creole

Recorriendo las colinas de Itata salpicadas de viñedos en medio de las plantaciones de pino, encontramos algunas parcelas y sus características parras en cabeza baja, como pequeños rosales con sus uvas casi tocando el suelo. Trabajando el suelo a caballo fuimos presentados al pequeño productor local, Agustín Peñailillo. Era el año 2013 y queríamos conocer y producir Cinsault de Itata. El viñedo de tres hectáreas en el pueblito de El Quilo en Ranquil se veía perfecto. Nos dimos un buen apretón de mano y sellamos la compra de uvas para la cosecha 2014.

Pocos meses mas tarde, me sorprendió la llamada del chofer que había ido a buscar las uvas. Estas ya estaban cosechadas y arriba del camión, pero seguía en El Quilo y dormiría invitado en casa de Agustín. ¡No podríamos llevarnos las uvas hasta que las pagáramos en contante y sonante!

Sin mucho mas que hacer partí al día siguiente al alba el viaje de 5 horas a Itata, pasando a un banco en Talca a retirar unos cuantos millones de pesos, meterlos en los bolsillos de mi pantalón y seguir viaje a “liberar” las uvas y al chofer.

Cuando llegué mi preocupación empezó a disminuir al ver el alegre grupo de cosecheros, chofer incluido y familia Peñailillo almorzando muy bien servidos por doña Sonia, la que con una gran sonrisa me hacia espacio en la mesa al aire libre para que los acompañara. Ya habría tiempo para los negocios una vez termináramos de comer, que hora había que dar cuenta de la vaca que habían matado para esta cosecha.

La etiqueta de nuestro Creole cuenta el final feliz de esta historia. La de estas esquivas uvas que se traducen en un vino de cara limpia, honesto y sencillo como su viticultor, pero también orgulloso de lo que ha sido y desea seguir siendo: un lugar de formas y costumbres propias, de pequeños agricultores que valoran lo que hacen y desean progresar, manteniendo su estilo de vida.

Esta desconfianza inicial se ha transformado rápidamente en una linda amistad y conocimiento mutuo, del que nos hemos beneficiado todos, desde productores a consumidores, manteniendo vivo el terruño del secano interior de Itata, cercano al mar, de colinas graníticas que entregan a través de sus vinos rojos, frutales y frescos una historia de sano orgullo.

Creole o Criollo, vino de uvas Cinsault, llegadas a Chile desde el sur de Francia hace casi un siglo, es fermentado 100% en huevos de cemento, con maceración carbónica para obtener un vino eminentemente frutal, con delicadas notas terrosas y graduación alcohólica moderada que nos permita e invite a beber otra copa. Envasado el mismo año de su cosecha y sin paso por madera, Creole se completa con un 15% de País del vecino Secano Interior del Maule, fermentado de igual manera, quien le aporta estructura, y un esqueleto donde la deliciosa fruta de Cinsault se sostiene.

Ricardo Baettig

Enólogo Viña Morandé