Injertando sobre antiguas parras en el Valle del Itata

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Estamos en proceso de injertar nueve hectáreas con diez variedades poco comunes en nuestro campo Ránquil. Sus uvas se podrán vinificar al cabo de dos años.

Desde su fundación, Viña Morandé ha estado presente en Itata y Maule. De hecho, el primer cinsault envasado comercialmente como Cinsault de Itata, lo elaboró Pablo Morandé para la línea Aventura en 1997. Además, hemos trabajado por casi una década con don Agustín Peñailillo, productor de El Quilo, Ránquil, manejando en conjunto el cultivo de sus viñedos de cinsault para nuestro vino Creole de la línea Adventure.

Nuestro campo Ránquil cuenta con 18,9 hectáreas de viñedos que aún subsisten en una hacienda histórica que llegó a tener más de 5.000 hectáreas y que le dio su nombre al pueblo de Ránquil. El predio cuenta actualmente con 8,9 hectáreas de cepa país, 7,5 de cabernet sauvignon, 2,38 de tintorera (alicante bouschet) y 0,14 de cinsault.

Este nuevo proyecto en Ránquil se asocia con nuestra labor desarrollada en el Secano Interior del Maule, donde llevamos más de 20 años trabajando con cepas como carignan, garnacha y país. En Itata, todo se produjo de una manera espontánea y natural. Por un lado, estaba nuestro interés por el Itata, la percepción de su belleza y el potencial del campo, además del hecho de que tuviera cabernet sauvignon de viejas parras y país plantado en colinas. Pero también por su gente generosa, con quienes compartimos la misión de rescatar un valioso patrimonio.

El campo cuenta con muchas exposiciones debido a que se ubica sobre un conjunto de colinas graníticas. Ellas ofrecen una gran cantidad de cuarzo en todo su perfil, son ricas en arcillas rojas y presentan suelos franco-arcillosos.

El clima es cálido y seco, pero, debido a la latitud de Itata y, a diferencia de la zona central, el periodo estival empieza más tarde y termina antes. Ello hace que la madurez sea más lenta, y aunque las temperaturas máximas de verano alcanzan con facilidad los 30° C, ellas frecuentemente se refrescan debido a la presencia de lluvias estivales y a las breves entradas de la vaguada costera. Cabe recordar que la costa se encuentra, en línea recta, a solo unos 50 km.

En las 18,9 hectáreas de viñedos con las que contamos ya hemos injertado alrededor de nueve con variedades como semillón, tempranillo, garnacha, cinsault, mourvèdre, chenin blanc, touriga nacional, y otras italianas como vermentino, sangiovese y montepulciano.

El proceso se demoró aproximadamente dos meses. No es fácil hacer los injertos sobre parras viejas debido a que se necesita experiencia para cortar las partes de la planta donde se encuentra la madera viva y sana sobre la cual incrustar la estaca o yema.

Un 90% de los injertos se hizo usando estacas o púas de dos yemas, y el 10% restante se efectuó mediante ‘parche de ojo vivo’. La primera producción de estas parras se obtendrá en dos años más debido a que todos los trabajos de este y el próximo año están orientados a consolidar los injertos. Es decir, la primera cosecha productiva será en 2022.

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