Se empieza por Cabernet y se termina con Pinot Noir

O al menos esa es mi impresión general. Hemos sido “educados” con variedades bordelesas por ser las más plantadas y constituir la base de nuestros grandes vinos del valle del Maipo desde mediados del siglo XIX. Sin embargo, en la medida que vamos ampliando nuestro conocimiento y probando otros vinos, he notado que terminamos siendo fanáticos del pinot noir, aunque sin dejar de disfrutar de un buen cabernet, claro está. Pero todo esto puede ser solo una idea mía.

Aunque creo que aún tenemos mejores cabernet sauvignon que pinot, también tengo claro que hemos avanzado muchísimo en los últimos 10 años en entender como se produce y vinifica esta última. Recuerdo mis primeras cosechas a mediados y fines de los ´90 cuando tratábamos las uvas de pinot noir casi como si fueran de syrah, con exceso de madurez y guardas en barricas nuevas sin importar si el vino las soportaba o no.

Eran los tiempos en que “más es mejor”. El entendimiento y desarrollo de este nuevo fenómeno, que podríamos calificar de reciente, llegó de la mano de nuevos terruños, nuevos climas y suelos, más acordes con esta delicada pero sólida variedad. Pero el cambio se debe, en gran medida, al trabajo realizado para mejorar el material vegetal y el uso de portainjertos.

Hay que reconocer que el material clonal que llegó en los ´90 estuvo fuertemente infectado de virus, especialmente de leaf-roll o enrollamiento de la hoja. Esto, además de afectar la fotosíntesis debido a que las hojas toman tempranamente un color morado y se enrollan hacia el envés, hace que el racimo presente fuerte “corredura”, es decir, gran cantidad de granos pequeños, los que se transforman en pasas antes que los granos “normales” lleguen a estar maduros.

Un material sano en clima fresco -digamos entre los 900 y 1.300 grados días (GDD)  nos entrega vinos de pinot noir con un carácter frutal que recuerda a frambuesas y guindas, y menos notas herbáceas o especiadas. Su estructura delicada pero firme, con taninos de trama fina y acidez equilibrada, nos muestran en definitiva una tipicidad mayor y mejor potencial de guarda. Esto último es muy notorio y ha sido un importantísimo paso adelante en la mejora de nuestros pinot noir.

En Viña Morandé tenemos larga experiencia en nuestro querido Valle de Casablanca. Allí hemos comprobado cómo el excelente terroir de Lo Ovalle, con sus suelos graníticos y de arcillas rojas, nos entregan vinos con las características antes descritas. Pero también hemos explorado nuevos orígenes con los que buscamos ampliar nuestra paleta de sabores. Limarí ha resultado ser notable por la textura y concentración que aporta. Lo mismo ocurre con Malleco, que aporta tensión y austeridad frutal, así como nuevas posibilidades para elaborar vinos más complejos.

En esta aventura aún tenemos margen para mejorar ya que, como si todo lo anterior fuera poco, la pinot noir se enriquece notoriamente a medida que el viñedo va madurando y haciéndose más viejo, creando así una base sólida desde la cual seguir avanzando.

Ricardo Baettig
Enólogo Viña Morandé

Si te interesa saber más, pregunta AQUÍ

Suscríbete a nuestras aventuras…

    Translate »