Sin prisa, pero sin descanso, La Constancia. El Regalo escondido 

Desde hace casi una década buscábamos un campo para “plantar desde cero” en el Secano Interior del Maule, convencidos de las bondades del clima y de las características de los suelos graníticos de la zona. Fue así como dimos con La Constancia, un campo situado al noroeste de la ciudad de Talca, un poco más hacia la costa del pueblo de Pencahue y algo más al norte del pueblito de Botalcura. En este predio, que se sitúa en las faldas de las primeras estribaciones de la Cordillera de la Costa y mirando hacia el este, descubrimos que se escondía un regalo; en verdad, dos: una viña de cepa país de más de 80 años y un viñedo de malbec de más de 60.

El Océano Pacífico se encuentra a unos 40 km en línea recta, pero el biombo que representan los cerros de la cadena costera genera en La Constancia un clima cálido y seco, si bien no tan caliente como el del Valle Central o del mismo Pencahue.

Siendo una propiedad extensa, incluye cerros de vegetación nativa y también pinos plantados hace algunas décadas. Por nuestra parte, nos hemos dedicado a mantener el bosque de los sectores altos y a plantar vides de ciclo largo, como carmenère, y de madurez media, como cabernet sauvignon y cabernet franc, además de syrah en las pendientes y ondulaciones que llegan hasta el plano.

En las laderas graníticas, de arcillas y rocas rojizas por la presencia de hierro, plantamos algunas variedades mediterráneas para explorar opciones y experimentar con garnacha, mourvèdre, carignan e incluso un poco de cinsault. Injertamos -gracias a la gentileza de otra viña chilena- un cuartel de país con montepulciano de la variante abruzzese. Esta última suele confundirse con el toscano Nobile de Montepulciano, un vino de la cepa sangiovese que recibe el nombre de la apelación, lo que con frecuencia se presta a confusiones. Siendo una cepa de ciclo largo, y habiendo trabajado con ella en la zona de Teramo y Chieti, cerca de Pescara, me pareció una excelente alternativa para experimentar y ampliar el abanico de opciones para Chile.

Las primeras cosechas han sido promisorias para la mayoría de las variedades, en particular para la carmenère, que muestra un perfil muy definido, sin verdor y con sus características notas especiadas de pimienta. Incluso con un matiz de ají muy agradable. La acidez, y, por lo tanto, el equilibrio de los vinos, es notable. Ello debido a la combinación de un clima cálido y seco que, sin ser excesivo gracias a la latitud y longitud en que se encuentra el campo, nos permite obtener vinos de fruta madura, pero con tensión, lo les que augura un excelente futuro.

Seguimos trabajando con el equipo de viticultores y con nuestro administrador Gonzalo Hernández, huaso de a caballo y amante de las parras, con quien estamos explorando hasta dónde llegar con este maravilloso campo. La viña, con sus plantaciones nuevas, recién empieza a darnos sus frutos, pero, al igual que una sandía calada, ya nos demuestra una calidad excepcional con los vinos de las parras de malbec y país. Entonces dejemos también al tiempo hacer su trabajo.

Ricardo Baettig

Enólogo Viña Morandé

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