Terroir, o la tercera pata de la mesa

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En el mundo de los vinos, se habla frecuentemente de terroir (te-rru-ar), un concepto acuñado por los franceses (¡cómo no!), que define, en una palabra, clima, suelo y el saber hacer. Es decir, la influencia que ejerce una determinada persona en la elaboración de un vino, lo que, traducido al español, sería algo así como terruño.

Hablamos mucho y creemos entender la importancia del clima y del suelo, dos elementos fundamentales en la definición o resultado de un vino, aunque a veces simplemente confundimos la tercera pata de la mesa ­–la del saber hacer– con el enólogo. Pero este asunto es mucho más que eso: es la cultura acumulada en un determinado lugar y que se traduce en prácticas vitícolas y enológicas que definirán el resultado final de un vino.

Creo que este último concepto es clave para entender uno de nuestros vinos más premiados, el espumante Brut Nature de Viña Morandé. Se elabora con uvas de chardonnay y pinot noir de dos viñedos del campo Belén, ubicado en Lo Ovalle, Casablanca. Allí, el clima está definido por la influencia oceánica, y los suelos son graníticos y de arcillas rojas, cruzados por vetas de cuarzo. Hasta ahí, todo conocido y en regla para hacer un buen espumante con el método champenoise.

Pero lo que define en buena medida la calidad y estilo de nuestro Brut Nature es la experiencia acumulada y traspasada a los viticultores del campo, diseñado y plantado por Pablo Morandé. Y también la cultura de trabajo y rigor transmitida a nuestros bodegueros y al equipo que nos acompaña desde hace más de 20 años.

Comprometido diariamente y de forma personal en la construcción de su bodega, Pablo Morandé imprimió a fuego una forma de trabajar y un rigor que se traduce y refleja en nuestros vinos más reconocidos. Este saber hacer es esencial para obtener el resultado de excelencia de este espumante que permanece sobre sus lías por 36 meses y se mezcla con bases más antiguas. Solo así entrega un estilo vinoso, con un desarrollo y complejidad inigualables.

Es esta sumatoria de conocimiento enológico y experiencia práctica lo que llamamos “saber hacer”. Y si bien no tiene la tradición centenaria de los terroirs europeos, es la senda que nos lleva a nuestros propios terroirs y que se manifiesta en este gran espumante. Pero también en el renacer –a ojos del consumidor– de apelaciones como Maule, Itata o Maipo.

En otras palabras, es imposible entender la calidad y estilo único de este vino sin tener en cuenta la trilogía clima, suelo y mano experta de los hombres y mujeres que lo elaboran, desde el viñedo a la postura del corcho. Se trata de un concepto a veces desconocido, no siempre fácil de alcanzar, pero que, en realidad, es muy sencillo de entender.

Ricardo Baettig

Enólogo Viña Morandé

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