Ucúquer – Jugando al Límite

Pronto se cumplirán 40 años desde que Pablo Morandé se lanzara, en 1982, en una cruzada que cambiaría radicalmente el panorama vitivinícola de Chile. En aquel año, él plantó por primera vez en forma comercial, viñedos en una zona costera chilena, específicamente en el Valle de Casablanca. Su visión fue la de un espíritu inquieto y curioso, el cual, asociado a una voluntad férrea, permitió abrir el gran abanico de la diversidad de los vinos de nuestro país.

Esta aventura hizo posible que otros viñateros también buscaran valles costeros con influencia del Océano Pacífico. La Cordillera de la Costa, más antigua que la de los Andes (200 millones de años versus 20 millones), está más erosionada, es más baja y, por lo tanto, permite que la vaguada costera penetre desde el mar. Este característico patrón de mañanas nubladas, que mantiene fresco el ambiente hasta el mediodía, es algo especialmente conocido por los veraneantes del litoral central. Geológicamente se caracteriza por sus rocas graníticas y, en menor medida metamórficas (pizarras), además de vetas calcáreas.

Esta aventura hizo posible que otros viñateros también buscaran valles costeros con influencia del Océano Pacífico. La Cordillera de la Costa, más antigua que la de los Andes (200 millones de años versus 20 millones), está más erosionada, es más baja y, por lo tanto, permite que la vaguada costera penetre desde el mar. Este característico patrón de mañanas nubladas, que mantiene fresco el ambiente hasta el mediodía, es algo especialmente conocido por los veraneantes del litoral central. Geológicamente se caracteriza por sus rocas graníticas y, en menor medida metamórficas (pizarras), además de vetas calcáreas.

La experiencia nos indica que son vinos “tensos” es decir, de taninos agudos, que requieren y se benefician con largas crianzas en barricas y fudres antes de llegar a los mercados. La otra cara de la medalla es el desafío de transformar esta estructura, que en un comienzo es levemente “rugosa”, en vinos largos, concentrados y frescos a la vez.

En el terroir de Ucúquer hemos elegido dos variedades clásicas para ensamblarlas: syrah y cabernet franc. El clima allí es más bien frío, por lo que la temporada más corta obliga a la vid a producir naturalmente pocos racimos y a concentrarse en su maduración. Los suelos graníticos nos entregan taninos finos, pero abundantes, los que luego de 18 a 22 meses de guarda, más un año en botella, dan a luz vinos de características únicas, que se sienten jóvenes y por lo tanto con un gran potencial de guarda.

Ucúquer, curioso nombre para una curiosa apelación en los límites del secano costero de Rapel.

Ricardo Baettig
Enólogo Viña Morandé

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